lunes, 6 de agosto de 2012

EL JOVEN QUE NO QUISO SEGUIR A JESÚS (Mt. 19, 16-23):


                                    EL JOVEN QUE NO QUISO SEGUIR A JESÚS

La Palabra de Dios, narra la siguiente anécdota (Mt. 19, 16-23):

“En ese momento se le acercó uno que dijo:<<Maestro, ¿Qué obras buenas debo hacer para conseguir la vida eterna?>> (…) <<Si quieres entrar en la vida eterna cumple los mandamientos>>.

Hasta aquí la intención de este joven era buena, porque era un chico relativamente bueno. ¿Qué hacemos con las personas como tú o como yo, amigo /a, que se creen buenas? Recuerdo que antes pensaba así (o más o menos esto): “Yo no robo ni mato, soy bueno”… pero, se me olvidaba que algunas veces en la Misa había escuchado lo siguiente: “Yo, PECADOR, me confieso, de palabra, obra y omisión”.

Cuando una persona es mala y el Señor la libera todo se cambia, se nota eso en el cambio de actitudes, pero si somos relativamente buenos… ¿Qué hacemos entonces? Es un problema y un dolor de cabeza el no aprender a reconocernos tal y como somos: pecadores dignos de la Misericordia de Dios. De todos modos, el Señor nos quiere liberar hasta de los “pecaditos” (que después pueden hacerse “pecadotes”) pues Dios no nos quiere “buenos”, “buenitos” o “buenazos”, Él nos quiere SANTOS. (Levítico 11, 44)

            Pero, como siempre, se nos olvidan estas consideraciones, y el Joven Rico no fue la excepción a la regla:

“El joven dijo:<<¿Cuáles?>> Jesús dijo:<<No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo>>”

a la vida”
“No matarás“ Veamos… TODO lo que afecte la vida propia y ajena se opone a este mandamiento. Cuando se habla mal a las espaldas de las personas, eso es matar también, la honra, matar la reputación… cuantas veces volvemos “comidilla da barrio” a aquel que metió la pata y ni siquiera nos acordamos de pedir por el o ella en nuestras oraciones para que Dios le muestre el camino. Matar el cuerpo de uno con malas dormidas, malas comidas o bebidas, vicios, no quererse y/o aceptarse. Hay formas de irnos contra la vida, vivimos en una cultura de muerte donde lo que se nos pide es que le entremos a todas las porquerías habidas y por haber. Dios nos pide, a ti querido/a hermano/a y a mi otras cosas mejores.

al amor, la fidelidad y la pureza”

“No cometerás adulterio” y no cometerás actos impuros. En algún punto empezamos a meter cosas en nuestras cabezas que nos hacen daño… y confundimos sexo con amor, y pervertimos lo que debería ser (y de hecho lo es) realmente algo sagrado. No soy nadie para lanzar piedras, pero he optado por algo mejor ahora, sé que Dios me ha ido sanando muchas cosas de mi juventud. La pareja que te toque es regalo de Dios, y ese regalo se abre el día del matrimonio, del sacramento del matrimonio, y si te atreves a amar a la persona con la que te vas a casar (si es tu vocación) o amar a Dios sobre todas las cosas, encontrarás un sentido para guardarte para esa persona que Dios te quiere dar o ese ministerio que también Él ha pensado para ti aunque aún no lo veas cercano. Castidad y virginidad son palabras aparentemente pasadas de moda… más bien yo diría que si eres un cristiano/a, católico/a estas palabras deben volverse parte de tu vida




“Honra a tu padre y a tu madre”
NO dice el mandamiento:

Honra a tu padre y a tu madre si son “Gente Linda” (salidos de la más familiar serie del norte…)
Honra a tu padre y a tu madre si son buenos contigo
Honra a tu padre y a tu madre si son perfectos
Honra a tu padre y a tu madre si te miman mucho y te dan todo lo que les pides.
Honra a tu padre y a tu madre si te entienden siempre.

Sólo dice: Honra a tu padre y a tu madre. Y este es el único mandamiento con promesa.

Le dice el joven: <<Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?>>”

El joven le responde a Jesús muy osadamente: a algunos nos ha costado y cuesta mucho cumplir esto. ¡I-MA-GÍ-NA-TE! Bastante valiente el muchacho, yo no me hubiera atrevido a decir una cosa así.

“Jesús le dijo: <<Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego sígueme>>.  Al oír estas palabras el joven se marcho entristecido, porque era muy rico.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: << (…) es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que, el que un rico entre en el Reino de los cielos>>.”

En el Evangelio según San Mateo, nos dice que “Jesús lo miró con cariño” porque entiende su corazón, sabe que está buscando el camino a la salvación, por tanto le invita a liberarse, a ya no buscar salvarse cumpliendo con el mínimo necesario como alguien mediocre y por eso le dice: “solo te falta una cosa: vende todo lo que tienes… “

Este joven, que había tenido la valentía de acercarse a Jesús, sin, en realidad, saber lo que estaba haciendo, desaparece de la historia sin que siquiera sepamos cual era su nombre. Este muchacho que se va triste ante la INESPERADA exigencia de Jesús. Pregúntate, ¿no te suena familiar este caso? ¿También te arriesgaste a acercarte a la Iglesia, a querer seguir a Jesús?… El Señor nos pide muchas veces dejar ir “nuestras riquezas”, ¿cuáles son? Nuestros planes y proyectos (que son buenos pero no siempre son Su Voluntad) y nuestras formas de pensar (a veces nos cerramos a la acción de Dios para que no toque nuestra vida ni nos muestre nuestras fallas y que ni cure las heridas). Pero por esta razón terminamos siendo un número más en la lista de gente que ocupó su metro cuadrado en este planeta y no lo que Dios quiere que seamos seres trascendentes.

Nadie te puede obligar a nada, Es tú decisión. La llave de la puerta de tu vida la tienes en tus manos. Y sí, todavía te falta una cosa. Y esa “cosa” es más que una cosa. Lo que te falta es volver a nacer.  Lo que te falta no es un “que” sino un “quien”. Quien te falta es Jesús.

- ¿A que cosas vives aún aferrado?
- ¿Qué crees que te diría Jesús si te acercaras a seguirle?







martes, 17 de julio de 2012


Docilidad con obediencia (o cuando las cosas no son como quisiéramos...)




La Curación de Naamán (2 Reyes 5, 1-19)



V.1: “Naamán, general del ejército del rey de Siria, era un hombre muy apreciado por su señor, porque el Señor le había dado la victoria a Siria por medio de él. Este hombre, que era poderoso, tenía lepra.”

¡Cuántos poderosos tienen “lepra”!: lo tienen todo (poder económico, dinero, poder político, poder militar, fama, prestigio…) pero muchas veces por eso viven en la decadencia, andan metidos en una vida de pecado, pierden la salud, que espiritualmente se convierte en “lepra”. Nosotros podemos también estar sometidos a diferentes formas de opresión y tentación que, de no ser combatidas con la oración, la práctica sacramental y la penitencia pueden hacernos muchos daño aunque no seamos tan poderosos como el general del ejército del rey de Siria, Naamán.
Recordemos siempre que cualquier éxito que hayamos tenido en la vida se lo debemos al Señor quien nos ha creado por amor. ¿Qué cosa podemos hacer que Dios no la pueda superar o, más bien, que no la haya superado ya?



V. 2: “En una de sus incursiones guerreras los sirios se llevaron de Israel a una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo a su señora:
- ¡Ojalá mi señor fuera donde el profeta que hay en Samaría! El lo curaría de la lepra!”

Imaginémonos, la Palabra nos dice que fue una jovencita, probablemente un adolescente, quien lleva la esperanza a esta casa. Esta chica, con toda justicia podría haberse quedado con la boca callada, resentida por haber sido forzada a dejar su tierra para ir de sirvienta a una casa de ricos… o quizás simplemente podía haberse mimetizado con el ambiente olvidando su fe y sus tradiciones religiosas. Pensemos que de haber sido ese el caso, Naamán nunca habría sido curado y jamás se hubiera convertido al Dios de Israel, el veradero. Nunca te calles tu fe porque otros necesitan saber que pueden ser sanados por el amor de Dios.
Hoy en día, existen muchas personas de nuestro país que han salido de su tierra, y cabría preguntarnos: ¿Será que muchas de ellas darán testimonio de Cristo, cuando vayan a sitios descristianizados como Europa o los Estados Unidos? o también ¿yo mismo, en esas circunstancias, daría testimonio de mi fe?






V.4-8 “Naamán se lo fue a decir al rey:
- Estoy y esto me ha dicho la muchacha de Israel.
El rey de Siria le respondió:
-¡Bien! Ponte en camino, yo te daré una carta para el rey de Israel.
Naamán partió llevando consigo trescientos cincuenta kilos de plata, seis mil monedas de oro y diez vestidos, y entregó al rey de Israel la carta que decía: >.
Cuando leyó la carta, el rey de Israel rasgó sus vestiduras y exclamó:
- ¿Acaso soy yo Dios, capaz de dar la muerte o la vida, que este me manda un hombre leproso para que lo sane? Fíjense y verán que busca un pretexto para atacarme.
Cuando Eliseo, el hombre de Dios, supo que el rey se había rasgado las vestiduras, envió a decirle:
-¿Porqué has hecho eso? Que venga a mí, y sabrá que hay un profeta en Israel”.

¡Cuánta gente se aleja de Dios por nuestra manera de recibirlos cuando llegan pidiendo ayuda a nuestras comunidades o parroquias! Como aquel cura o laico que le preocupa que se trabaje con los jóvenes por que “son demasiado bulliciosos” o que critica como se visten o nunca les dan ni voz ni voto porque son “ignorantes”… para gusto de algunos. O cuando se acercan madres solteras a nuestros grupos o jóvenes de diferente condición social ¿Cómo los recibimos? Con amor o con la desconfianza del rey de Israel que en vez de averiguar y preguntar bien las cosas se indigna exageradamente (se rasga las vestiduras) por lo que se imagina en su paranoia. Me imagino que en su corte hubo alguien que entendió lo que pasaba y fueron a buscar a Eliseo… ojalá siempre haya alguno en nuestras comunidades.
Eliseo manda a llamar al extranjero pues sabe que por él, el Señor hará un prodigio, “sabrá que hay un profeta en Israel”, es decir uno por quien Dios habla y obra. ¿Podrían otros saber que “hay un profeta en Israel” o en la Iglesia cuando se acercan a nosotros?



V. 9-12 “Llegó Naamàn con sus caballos y su carro de guerra, y se detuvo ante la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo le mandó a decir por medio de un mensajero:
- Anda, báñate siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia.
Naamán, indignado, se retiró murmurando:
-Pensaba que saldría a recibirme que invocaría el nombre del Señor, su Dios, me tocaría y así curaría mi lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abana y el Farfar, no son mucho mejores que todas las aguas de Israel? No podría yo bañarme en ellos y quedar limpio?
Y se fue indignado.”

¡Cuántas cosas no se dan por nuestra falta de humildad! Jesús nos dice “Sus caminos no son los míos” y tiene toda la razón. Recordemos que él es Dios, no nosotros. Nuestra voluntad muchas veces es como veleta al viento de nuestra gana, de nuestras pobres y tristes carencias. Al decir que se haga Su Voluntad, estamos diciéndole que Él es Aquel que sabrá siempre dirigir nuestras vidas a puerto seguro. Un ejemplo de la gran falta de humildad que llevamos muchas veces podemos verla cuando nos toca acercarnos a la confesión, y si analizamos bien la actitud y las palabras de Naamán, nosotros terminamos diciendo exactamente lo mismo que él: que las cosas tienen que ser en nuestro términos (‘yo me confieso solito con Dios’, ‘¡pero cómo me voy a confesar con uno más pecador que yo!’, ‘Dios esta en todos lados, para que voy a misa, para que comulgar, para que ir al grupo’...), o que las cosas tienen que ser en nuestro tiempo, tratando de emplazar a Dios con lo que nosotros con nuestra muy limitada visión (nuestros “ríos de Siria”) queremos. Pero Dios, como Padre Amoroso no nos va a dar algo con lo que nos hagamos daño y sabe respetar nuestros procesos más aún de lo que nosotros mismo los hacemos. Y muchas veces el silencio que viene de Él es para que comprendamos que las cosas son muy diferentes a como las pensamos, imaginamos o deseamos fruto de nuestra sordera espiritual en muchos casos.




v. 13 “Pero sus siervos le dijeron.
- Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no lo habrías hecho? Pues, ¡cuánto más habiéndote dicho: >!”

Agradezcamos a todas esas personas que nos han ido corrigiendo en nuestro camino de acercamiento a Dios, aunque en nuestro “emperramiento” no las hayamos querido escuchar. Esos son verdaderos amigos. Alejémonos de la gente que se la pasa solo alabándonos, son pésimos para el alma.




v. 14- 17 “Entonces Naamán bajó al Jordán, se bañó siete veces como había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño. Inmediatamente regresó, con toda su comitiva a donde estaba el hombre de Dios, y, de pie ante él. dijo:
-Reconozco que no hay otro Dios en toda la tierra, fuera del Dios de Israel. Dígnate en aceptar un regalo de tu siervo”.
Eliseo le dijo:
-¡Vive el Señor a quien sirvo que no tomaré nada!
Y por más que insistió en que aceptara algo, lo rehusó. Naamán le dijo:
- De acuerdo, pero permite que me den la tierra que puedan cargar un par de mulas. Porque tu siervo no ofrecerá ya holocaustos y sacrificios a otros dioses fuera del Señor. Sólo así me perdonará el Señor lo que me veo obligado a hacer en el templo de Rimón. Porque, debido a mi cargo, tengo que acompañar al rey, mi señor, cuando va al templo, y tengo que postrarme cuando él se postra. Que el Señor me lo perdone.
Eliseo le respondió:
-Vete en paz”

Dios nos cura gratis, no pide nada a cambio, en realidad, lo único que nos pide es que nos dejémos amar. La tierra que hace referencia y que se lleva cargado es el reconocer a Yahvéh como único Dios verdadero.

lunes, 9 de julio de 2012

La "Lista Para Botarlo"




Chicas (y chicos también): Es fácil saber cuando un/a amigo/a debe terminar una relación. Pero es difícil cuando esa chica eres tú. ¿Cómo saber cuando debes dejar ir a tu chico?

Aquí tenemos una muy confiable lista para "botarlo":

- Si necesitas decirle más de una vez que se detenga.
- Sientes que debes arreglarlo.
- Mira pornografía (eso no es atractivo chicos).
- Te golpea. te empuja o hace cualquier cosa para asustarte.
- Tiene problemas con la bebida o con drogas.
- No le importa si le mientes a tu familia.
- Te aleja de Dios.
- Te pone triste (incluso si dice después "estaba bromeando").
- Te engaña con otra persona.
- Te miente.
- Coquetea con otras chicas.
- Utiliza la culpa para lograr que hagas lo que el quiere.
- Se enoja siempre del tiempo que pasas con tus amigos y tu familia.
- Se porta mal y entonces le culpa a otras personas o a las cosas que le pasan.
- No puede mantenerse en pie sin ti.
Tú no puedes mantenerte en pie y seguir pura con él. 

Estas no son faltas menores, sino signos de problemas más grandes que pueden ser desastrosos en un futuro matrimonio. Si una de estas le aplica termina esa relación ahora.


Del libro "Pure Womanhood" (Feminidad Pura) por Crystalina Evert, católica