EL JOVEN QUE
NO QUISO SEGUIR A JESÚS
La Palabra de Dios, narra la siguiente
anécdota (Mt. 19, 16-23):
“En ese momento
se le acercó uno que dijo:<<Maestro, ¿Qué obras buenas debo hacer para
conseguir la vida eterna?>> (…) <<Si quieres entrar en la vida eterna
cumple los mandamientos>>.
Hasta aquí la intención de este joven
era buena, porque era un chico relativamente bueno. ¿Qué hacemos con las
personas como tú o como yo, amigo /a, que se creen buenas? Recuerdo que antes
pensaba así (o más o menos esto): “Yo no robo ni mato, soy bueno”… pero, se me
olvidaba que algunas veces en la
Misa había escuchado lo siguiente: “Yo, PECADOR, me confieso, de
palabra, obra y omisión”.
Cuando una persona es mala y el Señor
la libera todo se cambia, se nota eso en el cambio de actitudes, pero si somos
relativamente buenos… ¿Qué hacemos entonces? Es un problema y un dolor de
cabeza el no aprender a reconocernos tal y como somos: pecadores dignos de la Misericordia de Dios.
De todos modos, el Señor nos quiere liberar hasta de los “pecaditos” (que
después pueden hacerse “pecadotes”) pues Dios no nos quiere “buenos”,
“buenitos” o “buenazos”, Él nos quiere SANTOS. (Levítico 11, 44)
Pero,
como siempre, se nos olvidan estas consideraciones, y el Joven Rico no fue la
excepción a la regla:
“El joven
dijo:<<¿Cuáles?>> Jesús dijo:<<No matarás, no cometerás
adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu
madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo>>”
“SÍ a la vida”
“No matarás“ Veamos… TODO lo que afecte
la vida propia y ajena se opone a este mandamiento. Cuando se habla mal a las espaldas
de las personas, eso es matar también, la honra, matar la reputación… cuantas
veces volvemos “comidilla da barrio” a aquel que metió la pata y ni siquiera
nos acordamos de pedir por el o ella en nuestras oraciones para que Dios le
muestre el camino. Matar el cuerpo de uno con malas dormidas, malas comidas o
bebidas, vicios, no quererse y/o aceptarse. Hay formas de irnos contra la vida,
vivimos en una cultura de muerte donde lo que se nos pide es que le entremos a
todas las porquerías habidas y por haber. Dios nos pide, a ti querido/a
hermano/a y a mi otras cosas mejores.
“SÍ al amor, la fidelidad y la pureza”
“No cometerás
adulterio” y no cometerás actos impuros. En algún
punto empezamos a meter cosas en nuestras cabezas que nos hacen daño… y
confundimos sexo con amor, y pervertimos lo que debería ser (y de hecho lo es)
realmente algo sagrado. No soy nadie para lanzar piedras, pero he optado por
algo mejor ahora, sé que Dios me ha ido sanando muchas cosas de mi juventud. La
pareja que te toque es regalo de Dios, y ese regalo se abre el día del
matrimonio, del sacramento del matrimonio, y si te atreves a amar a la persona
con la que te vas a casar (si es tu vocación) o amar a Dios sobre todas las
cosas, encontrarás un sentido para guardarte para esa persona que Dios te
quiere dar o ese ministerio que también Él ha pensado para ti aunque aún no lo
veas cercano. Castidad y virginidad son palabras aparentemente pasadas de moda…
más bien yo diría que si eres un cristiano/a, católico/a estas palabras deben
volverse parte de tu vida
“Honra a tu padre y a tu madre”
NO dice el mandamiento:
Honra a tu padre y a tu madre si son “Gente Linda”
(salidos de la más familiar serie del norte…)
Honra a tu padre y a tu madre si son buenos contigo
Honra a tu padre y a tu madre si son perfectos
Honra a tu padre y a tu madre si te miman mucho y te dan
todo lo que les pides.
Honra a tu padre y a tu madre si te entienden siempre.
Sólo dice: Honra a
tu padre y a tu madre. Y este es el único mandamiento con promesa.
Le dice el
joven: <<Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?>>”
El
joven le responde a Jesús muy osadamente: a algunos nos ha costado y cuesta
mucho cumplir esto. ¡I-MA-GÍ-NA-TE! Bastante valiente el muchacho, yo no me
hubiera atrevido a decir una cosa así.
“Jesús le dijo:
<<Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los
pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego sígueme>>. Al oír estas palabras el joven se marcho
entristecido, porque era muy rico.
Entonces Jesús
dijo a sus discípulos: << (…) es más fácil que un camello entre por el
ojo de una aguja que, el que un rico entre en el Reino de los cielos>>.”
En el Evangelio según San Mateo, nos dice que “Jesús
lo miró con cariño” porque entiende su corazón, sabe que está buscando
el camino a la salvación, por tanto le invita a liberarse, a ya no buscar
salvarse cumpliendo con el mínimo necesario como alguien mediocre y por eso le
dice: “solo te falta una cosa: vende todo lo que tienes… “
Este joven, que había tenido la
valentía de acercarse a Jesús, sin, en realidad, saber lo que estaba haciendo,
desaparece de la historia sin que siquiera sepamos cual era su nombre. Este
muchacho que se va triste ante la INESPERADA exigencia de Jesús. Pregúntate,
¿no te suena familiar este caso? ¿También te arriesgaste a acercarte a la
Iglesia, a querer seguir a Jesús?… El Señor nos pide muchas veces dejar ir “nuestras riquezas”, ¿cuáles son?
Nuestros planes y proyectos (que son buenos pero no siempre son Su Voluntad) y
nuestras formas de pensar (a veces nos cerramos a la acción de Dios para que no
toque nuestra vida ni nos muestre nuestras fallas y que ni cure las heridas).
Pero por esta razón terminamos siendo un número más en la lista de gente que
ocupó su metro cuadrado en este planeta y no lo que Dios quiere que seamos
seres trascendentes.
Nadie te puede obligar a nada, Es tú
decisión. La llave de la puerta de tu vida la tienes en tus manos. Y sí,
todavía te falta una cosa. Y esa “cosa” es más que una cosa. Lo que te falta es
volver a nacer. Lo que te falta no es un
“que” sino un “quien”. Quien te falta es Jesús.
- ¿A que cosas
vives aún aferrado?
- ¿Qué crees que
te diría Jesús si te acercaras a seguirle?