Evangelio de San Juan 3, 1- 22
Entre los
fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a
Jesús y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro,
porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que
Dios esté con él.»
A veces nos hemos acercado a Jesús "por la noche", a
escondidas, como Nicodemo, para que nadie nos vea. Incluso puede que lo hayamos
hecho por vergüenza. Igual lo hemos reconocido como un "Rabbí" que
quiere decir "Maestro" pero quizás sólo como un maestro más. Y hemos
abierto el corazón a veces a tantos "maestros", músicos, artistas y
escritores, o de otras religiones y quizás Jesús, no es el Hijo Único de Dios
para nosotros, sino solamente una sabia opinión más. Reconocemos ciertamente
algo sobrenatural en él, pero nada más.
Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino
de Dios si no nace de nuevo desde arriba.»Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el
hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?»
Nadie puede acercarse a Dios por propia fuerza. El Señor cuenta
con nuestra decisión para acercarnos y a partir de eso pone el deseo del
corazón. Dios hace desear lo que que quiere darte, lo cual significa que todo
lo bueno y constructivo viene de él. Nunca va a poner en tu corazón deseo de
que te alejes de Él, de sus cosas ni de él mismo. El ser humano, en su carne o
naturaleza, no puede ver las cosas espirituales, las cosas de Dios. Necesita
ayuda del mismo Espíritu Santo para esto. Nicodemo responde desde su poco
entender, desde su naturaleza y, me atrevo a decir, desde su ignorancia. Sigue
limitado pensando en lo posible, lo contable, lo medible.
Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y
del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne
es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya
dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. El viento sopla donde
quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo
mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»
Nuestra vida física tuvo un inicio en la concepción y tendrá un
fin al termino del nuestra vida natural. Este "Renacer" del agua y
del Espíritu Santo del que habla Jesús, ya se produjo en nuestro bautismo. Y la
renovación se dió al recibir el Sacramento de la Confirmación. Pero muchas
veces, dejamos apagar ese fuego que con tanto trabajo y amor el Señor empezó a
encender en el corazón. Recordemos que cerrar el corazón, endurecerlo al amor
de Dios es condenación: "Dios,
que te creó sin ti, no te salvará sin ti" decía San Agustín.
Dios no puede sanar, ni perdonar ni hacer nada si tú no quieres. Pero no es
solamente decir o sentir que quieres, sino demostrarlo con tu vida. Lastima
muchísimo al amor de Dios, a Su Corazón la dureza de corazón de sus hijos.
Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?». Respondió
Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? En verdad te
digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que
hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.Si ustedes no creen
cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas
del Cielo?Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del
Cielo, el Hijo del Hombre.
A veces, nuestra propia terquedad espiritual, no nos permite
escuchar lo que Dios nos está diciendo en nuestra vida, y en esto interfiere
además nuestra historia no sanada, malas costumbres, sobre todo el no querer
estar con Dios. Queremos hacerlo todo a nuestro modo y los caminos del Señor
son muy diferentes a nuestros caminos. El piensa, no como hombre, sino como
Dios. No pongamos "peros". He escuchado decir: "es que no me
gusta como fulanos o menganos del grupo Tal alaban", "Aquí no
hay oraciones bonitas ni cantitos como en su grupo, esto es el seminario"
(!?), "Como nunca he trabajado con jóvenes, no me gusta que estén
reuniéndose" (Y estas frases las he escuchado, créanme) y huímos y
corremos de las manifestaciones que el Espíritu pone en las asambleas y en
nuestro pueblo orante y peregrino por el simple hecho de que no nos cuadra a
nuestro pobre entendimiento. Aclaro que no estoy de acuerdo con decir que el
Espíritu SOLAMENTE obra cuando hay manifestaciones extraordinarias, o que obre
en desorden donde no se construye la comunidad ni se profundiza en la oración,
en la enseñanza o la liturgia... sino con esta posición CERRADA de no querer
"hacer el ridículo" por el Señor dejando que estas manifestaciones
pasen por nosotros.
Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto:
así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que
crea en él tendrá por él vida eterna.¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo
Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.Dios no
envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo
gracias a él.Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya
se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de
Dios.Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron
las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.Pues el que obra el mal
odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y
condenadas.Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus
obras han sido hechas en Dios.»Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos
al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba.
Conozco mucha gente (no los juzgo pero es lo que veo) que le
encanta buscar mil pretextos para no acercarse a Dios, y que incluso se siente
muy ofendida si alguien comete el sacrilegio de confrontar su mediocridad
espiritual, reflejada en cuasi-religiosidad que no ve más allá de lo que le
conviene o de lo que piensa. La frase lapidaria que he escuchado, tristemente a
líderes importantes, es "así soy yo y no voy a cambiar"
(¡PLOP!). Hoy en día se cumple lo que Jesús decía a Nicodemo "los
hombres prefirieron la tiniebla a la luz". No nos gusta acercarnos a Dios
o a la Iglesia porque nos cuestiona el modo que vivimos la vida, nos cuestiona
nuestros pecados, nuestro pensar que somos buenos porque no hacemos mal o
porque nadie ha descubierto nuestros pecados. Pero Dios te ama y en la cruz lo
demostró.
Vivir en el espíritu no es ir a misa todos los domingos, ni
cumplir simplemente las cosas. Es renovarse desde lo profundo para salir al
encuentro del otro y construir nuestra fe en la comunidad. Necesitamos gente
llena de Dios. Católicos que lo sean de verdad, renovándose en el Espiritu
Santo.
¿Necesitas una nueva vida? ¿Quisieras nacer de nuevo?
Renueva en este año de la fe, tu vida por completo. Jesús
te está esperando.