lunes, 31 de diciembre de 2012

Nacer de Nuevo

Evangelio de San Juan 3, 1- 22

Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.»

A veces nos hemos acercado a Jesús "por la noche", a escondidas, como Nicodemo, para que nadie nos vea. Incluso puede que lo hayamos hecho por vergüenza. Igual lo hemos reconocido como un "Rabbí" que quiere decir "Maestro" pero quizás sólo como un maestro más. Y hemos abierto el corazón a veces a tantos "maestros", músicos, artistas y escritores, o de otras religiones y quizás Jesús, no es el Hijo Único de Dios para nosotros, sino solamente una sabia opinión más. Reconocemos ciertamente algo sobrenatural en él, pero nada más.
  
Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.»Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?»

Nadie puede acercarse a Dios por propia fuerza. El Señor cuenta con nuestra decisión para acercarnos y a partir de eso pone el deseo del corazón. Dios hace desear lo que que quiere darte, lo cual significa que todo lo bueno y constructivo viene de él. Nunca va a poner en tu corazón deseo de que te alejes de Él, de sus cosas ni de él mismo. El ser humano, en su carne o naturaleza, no puede ver las cosas espirituales, las cosas de Dios. Necesita ayuda del mismo Espíritu Santo para esto. Nicodemo responde desde su poco entender, desde su naturaleza y, me atrevo a decir, desde su ignorancia. Sigue limitado pensando en lo posible, lo contable, lo medible.


Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.»

Nuestra vida física tuvo un inicio en la concepción y tendrá un fin al termino del nuestra vida natural. Este "Renacer" del agua y del Espíritu Santo del que habla Jesús, ya se produjo en nuestro bautismo. Y la renovación se dió al recibir el Sacramento de la Confirmación. Pero muchas veces, dejamos apagar ese fuego que con tanto trabajo y amor el Señor empezó a encender en el corazón. Recordemos que cerrar el corazón, endurecerlo al amor de Dios es condenación: "Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti" decía San Agustín. Dios no puede sanar, ni perdonar ni hacer nada si tú no quieres. Pero no es solamente decir o sentir que quieres, sino demostrarlo con tu vida. Lastima muchísimo al amor de Dios, a Su Corazón la dureza de corazón de sus hijos.


Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?». Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo?Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre.

A veces, nuestra propia terquedad espiritual, no nos permite escuchar lo que Dios nos está diciendo en nuestra vida, y en esto interfiere además nuestra historia no sanada, malas costumbres, sobre todo el no querer estar con Dios. Queremos hacerlo todo a nuestro modo y los caminos del Señor son muy diferentes a nuestros caminos. El piensa, no como hombre, sino como Dios. No pongamos "peros". He escuchado decir: "es que no me gusta como fulanos o menganos del grupo Tal alaban",  "Aquí no hay oraciones bonitas ni cantitos como en su grupo, esto es el seminario" (!?), "Como nunca he trabajado con jóvenes, no me gusta que estén reuniéndose" (Y estas frases las he escuchado, créanme) y huímos y corremos de las manifestaciones que el Espíritu pone en las asambleas y en nuestro pueblo orante y peregrino por el simple hecho de que no nos cuadra a nuestro pobre entendimiento. Aclaro que no estoy de acuerdo con decir que el Espíritu SOLAMENTE obra cuando hay manifestaciones extraordinarias, o que obre en desorden donde no se construye la comunidad ni se profundiza en la oración, en la enseñanza o la liturgia... sino con esta posición CERRADA de no querer "hacer el ridículo" por el Señor dejando que estas manifestaciones pasen por nosotros.

Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna.¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él.Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas.Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios.»Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba.


Conozco mucha gente (no los juzgo pero es lo que veo) que le encanta buscar mil pretextos para no acercarse a Dios, y que incluso se siente muy ofendida si alguien comete el sacrilegio de confrontar su mediocridad espiritual, reflejada en cuasi-religiosidad que no ve más allá de lo que le conviene o de lo que piensa. La frase lapidaria que he escuchado, tristemente a líderes importantes, es "así soy yo y no voy a cambiar" (¡PLOP!). Hoy en día se cumple lo que Jesús decía a Nicodemo "los hombres prefirieron la tiniebla a la luz". No nos gusta acercarnos a Dios o a la Iglesia porque nos cuestiona el modo que vivimos la vida, nos cuestiona nuestros pecados, nuestro pensar que somos buenos porque no hacemos mal o porque nadie ha descubierto nuestros pecados. Pero Dios te ama y en la cruz lo demostró. 

Vivir en el espíritu no es ir a misa todos los domingos, ni cumplir simplemente las cosas. Es renovarse desde lo profundo para salir al encuentro del otro y construir nuestra fe en la comunidad. Necesitamos gente llena de Dios. Católicos que lo sean de verdad, renovándose en el Espiritu Santo.


¿Necesitas una nueva vida? ¿Quisieras nacer de nuevo?

Renueva en este año de la fe, tu vida por completo. Jesús te está esperando.

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